Según Kurt Schacht, CFA, anterior director general de CFA Institute, pocas cosas son tan críticas para el funcionamiento del mercado como la restauración de la confianza.
Considera que: «muchos fondos de inversión libre tuvieron dificultades en 2008. CFA Institute lleva tiempo llamando la atención sobre un código de conducta para esta industria. Desde 2004 trabaja para desarrollar mejores prácticas y legislación apropiada«.
Por su parte John Rubino, analista financiero autor de How to Profit from the Coming Real Estate Bust y Main Street, Not Wall Street, observa: «los detalles del fraude Madoff difieron de otros del pasado, pero algo no cambia: la mayor parte de los que actuaron son graduados de escuelas de negocios. En el cada vez más complejo y opaco mercado financiero necesitan una guía ética general y de finanzas. Operan en ambientes donde se fomenta lo lucrativo. En programas MBA el debate no es si se incluye ética en el currículum sino la mejor forma de hacerlo».
«Si todos lo están haciendo es que debe ser correcto».
En este sentido CFA Institute Centre for Financial Market Integrity considera que históricamente las caídas de los mercados globales son resultado de varios factores, incluyendo acciones u omisiones. En muchos casos el colapso de la crisis financiera recuerda errores de crisis pasadas, incluyendo ignorancia del riesgo y uso generalizado de apalancamiento. Pero hay tentación de reducir el papel de los individuos y concluir que hubo fallos sistemáticos en circunstancias extraordinarias que no se podía haber previsto. El instinto gregario posiblemente haya promovido que determinados profesionales hayan tomado decisiones sobre la base de «si todos lo están haciendo es que debe ser correcto».
CFA Institute considera que se ha prestado menos atención a la dimensión ética de la crisis financiera. Pero varios principios se ignoraron totalmente o en parte: integridad, competencia, diligencia, precaución y razonamiento, juicio independiente o fomentar que otros actúen de manera ética.
Los bancos de inversión, en un entorno de bajos tipos de interés, diseñaron y vendieron valores para satisfacer la demanda de mayor rentabilidad. La toxicidad se puso de manifiesto con la escalada del apalancamiento y espiral bajista del mercado residencial, que condujo a falta de liquidez. Las remuneraciones se basaban en volumen de operaciones más que calidad de colaterales o prestatarios y estimuló productos estructurados y derivados que se mostraron tóxicos. Muchos inversores profesionales no llegaron a entender que contenían, a pesar de folletos de 1.000 páginas y muchos compradores confiaron en exceso en calificaciones de las agencias de crédito calidad, sin demandar mejor información ni análisis propio. Las propias agencias de crédito mostraron falta de datos y experiencia al analizar, no dándose cuenta que estaban siendo vendidos a compradores apalancados con desequilibrio entre activos y pasivos. El análisis de crédito se limitó a replicar modelos de terceras partes, sin verificar robustez en situaciones extremas. La caída del mercado inmobiliario residencial no tenía precedentes, pero debió haberse incluido en los modelos.
La crisis podía haberse visto mitigada si los estándares profesionales se hubiesen observado.
Las calificaciones crediticias externas son útiles pero no pueden ser el único factor de decisión. Los profesionales de la inversión deben considerar la posibilidad de que el entorno cambie rápidamente y posibles impactos en la cartera de los clientes teniendo en cuenta su apalancamiento y liquidez.
Además la buena práctica dicta más transparencia. La valoración de activos tóxicos sólo se puso en cuestión cuando distintas instituciones fueron requeridas para que aplicaran valor razonable o actualizar a valores de mercado. Esa información debió indicar claramente las expectativas e informar de posibles impactos de la dirección del mercado.
No es suficiente conformarse con que la crisis finaciera fue un tren averiado
En cualquier caso no es suficiente conformarse con que la crisis financiera fue un tren averiado del que todos fueron víctimas.
Los pequeños fallos de responsabilidad pueden llevar a crisis severas y esta claramente ha mostrado la necesidad de desarrollar una fuerte cultura ética. Es vital que todos los profesionales e instituciones de inversión sean éticamente responsables de proteger al cliente y la integridad de los mercados de capitales. Pero más que una legislación reaccionaria, que afecta la eficiencia de los mercados y por sí misma no necesariamente protege a los inversores de crisis futuras, debe integrarse una fuerte cultura ética
No podemos eliminar el riesgo si hacer énfasis en la importancia de una legislación efectiva y la adopción a códigos éticos de los profesionales de la inversión. De hecho los inversores tienen razones para fijarse en los profesionales certificados que cumplen códigos y estándares profesionales de conducta. Pueden señalar los fallos y las maneras de mejorar el sistema.
José M. Serrano-Pubul, CFA.




